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Cómo ingresar a un geriátrico y asegurar la adaptación del adulto mayor

June 9, 2026
El ingreso de una persona mayor a una residencia de larga estadía representa un proceso complejo que involucra de manera directa tanto al residente como a su entorno familiar y a la institución receptora. En declaraciones al programa Bypass, emitido por Radio Buenos Aires AM 1350, el médico de la unidad de agudos del Hospital Durand, Sergio Sosa (M.N. 132.395), detalló las pautas fundamentales para asegurar que esta transición resulte beneficiosa y libre de sufrimiento para el ingresante. El especialista remarcó la necesidad de involucrar activamente al adulto mayor en la elección de la institución, siempre que sus facultades cognitivas lo permitan. “La adaptación siempre digo es triple. La adaptación es en primer lugar de la persona mayor a la institución. Luego tenemos otro que es de la institución hacia el residente nuevo. Y en comunidad la residencia con la familia. Sin ese trípode seguramente fracase la internación”, advirtió el profesional.

De acuerdo con las estadísticas compartidas por el médico, cerca del 75% de las personas logran adaptarse al cabo de 30 días, un 24% requiere aproximadamente tres meses, mientras que apenas un 1% no consigue habituarse debido a patologías psiquiátricas subyacentes y no a trastornos neurocognitivos. Para favorecer este proceso, Sosa subrayó la importancia de la estimulación cognitiva, los talleres obligatorios por ley en la Ciudad de Buenos Aires —como musicoterapia y terapia ocupacional— y actividades complementarias como el yoga o el tai-chi, las cuales estructuran la rutina diaria y fomentan la integración física y social. Al respecto, manifestó que “lo importante es saber que la familia tiene que estar completamente segura del lugar que van a elegir, porque no todas las residencias son para todas las personas mayores y no todas las personas mayores son para todas las residencias”. Asimismo, puntualizó el valor de la constancia en el esquema de visitas para evitar que el residente experimente una sensación de desamparo: “Una vez que ingresa a la residencia, la familia sabe que está bien cuidada y empieza a tener una vida que por ahí estaba más abocada al cuidado del adulto de la persona mayor. Pero luego no aparece por un tiempo. El residente lo toma como un abandono”.

Por otra parte, el especialista desaconsejó de forma rotunda las conductas que infantilizan el trato hacia la vejez, una tendencia cultural frecuente en los entornos de cuidado. Aunque admitió que estas actitudes a veces despiertan respuestas alegres inmediatas, enfatizó que a largo plazo resultan contraproducentes y pueden derivar en una desadaptación. “La infantilización no debería existir, pero se cae debido a esto que nos da ternura, nos da ganas de abrazar, pero bueno, siempre hay que tratar de hacerlo desde la edad que tenga”, sostuvo Sosa. Con igual firmeza abordó el escenario de los pacientes con la enfermedad de Alzheimer, señalando que la pérdida de memoria avanza desde los recuerdos más recientes hacia los más antiguos, lo que suele llevar a los enfermos a confundir el rol de sus cuidadores actuales con el de sus propios padres. Ante este cuadro, recomendó reorientar con paciencia la identidad de los vínculos: “Siempre tenemos que tratar de aclarar, por ahí obviamente van a tener, en caso de Alzheimer, la memoria de corto plazo afectada, y tratar de siempre recordarlo. Yo no soy la mamá de mi madre o de mi padre, yo no soy el padre de mi madre o mi padre, porque también eso me afecta a mí como cuidador”.

La entrevista entera con todos los detalles y recomendaciones del especialista está disponible en nuestro canal de YouTube.

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