Este 23 de mayo, el Obelisco de Buenos Aires celebra su 90° aniversario consolidado como el símbolo máximo de la identidad porteña. En una entrevista exclusiva con Radio Buenos Aires AM 1350, el historiador Leonel Contreras repasó la vertiginosa historia de su construcción y reveló datos poco conocidos sobre el contexto urbano de 1936. Según explicó el especialista, el monumento diseñado por Alberto Prebisch se levantó en un tiempo récord de poco más de dos meses, en el cruce de las calles Corrientes y Diagonal Norte, cuando la Avenida 9 de Julio aún no existía tal como la conocemos hoy. “Se empezó el 20 de marzo y se terminó el 23 de mayo... es récord total”, destacó Contreras, señalando que la obra fue parte de los festejos por el cuarto centenario de la primera fundación de la ciudad.
A pesar de su actual estatus de ícono indiscutido, el Obelisco fue objeto de intensas polémicas en sus inicios debido a su estilo racionalista y su ubicación. El historiador recordó que en aquel entonces la zona era una plaza convencional producto de la demolición de la iglesia de San Nicolás de Bari. “Estaba proyectada la 9 de Julio, pero iba a ser una avenida como cualquiera, como la Avenida de Mayo, no iba a tener una cuadra de ancho”, detalló Contreras. La decisión de expropiar manzanas completas para crear la avenida más ancha del mundo llegó poco después, lo que terminó de catapultar al monumento a una escala monumental y escenográfica sin precedentes en Latinoamérica.
Más allá de su valor arquitectónico, el especialista enfatizó la carga simbólica e inmaterial que el Obelisco adquirió para los argentinos como epicentro de celebraciones y protestas. Desde la primera feria del libro hasta los festejos por los campeonatos mundiales de fútbol, el monumento se transformó en el referente ineludible de la vida pública. “El hecho de ir al Obelisco para nosotros no es solamente pasar por ahí... es un sentimiento, es un festejo, es una expresión, es el referente nuestro para las celebraciones”, concluyó Contreras. Tras nueve décadas, la mole de 67,5 metros sigue siendo el punto de unión donde la ciudad se reconoce a sí misma.
La entrevista completa está disponible en nuestro canal.
A pesar de su actual estatus de ícono indiscutido, el Obelisco fue objeto de intensas polémicas en sus inicios debido a su estilo racionalista y su ubicación. El historiador recordó que en aquel entonces la zona era una plaza convencional producto de la demolición de la iglesia de San Nicolás de Bari. “Estaba proyectada la 9 de Julio, pero iba a ser una avenida como cualquiera, como la Avenida de Mayo, no iba a tener una cuadra de ancho”, detalló Contreras. La decisión de expropiar manzanas completas para crear la avenida más ancha del mundo llegó poco después, lo que terminó de catapultar al monumento a una escala monumental y escenográfica sin precedentes en Latinoamérica.
Más allá de su valor arquitectónico, el especialista enfatizó la carga simbólica e inmaterial que el Obelisco adquirió para los argentinos como epicentro de celebraciones y protestas. Desde la primera feria del libro hasta los festejos por los campeonatos mundiales de fútbol, el monumento se transformó en el referente ineludible de la vida pública. “El hecho de ir al Obelisco para nosotros no es solamente pasar por ahí... es un sentimiento, es un festejo, es una expresión, es el referente nuestro para las celebraciones”, concluyó Contreras. Tras nueve décadas, la mole de 67,5 metros sigue siendo el punto de unión donde la ciudad se reconoce a sí misma.
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