En una entrevista exclusiva con Radio Buenos Aires AM 1350, Ángel Soria —mozo y barista del histórico café porteño— reveló los secretos detrás de los más de 40 capuchinos diarios que elaboran y por qué este clásico continúa vigente en el corazón del Microcentro.
En pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires, el Café Le Carabel se transformó en un punto de referencia indiscutido para los amantes del buen café. Con 60 años de trayectoria, el local mantiene viva una combinación perfecta entre el oficio tradicional de la gastronomía porteña y la maestría en la barra.
En diálogo con Radio Buenos Aires AM 1350, Ángel Soria, quien lleva 36 años trabajando en el establecimiento, explicó que el éxito se sostiene con constancia y dedicación. “Hace más de 20 años que estoy haciendo café y esto del capuchino empecé hace tres años. Antes se hacía, pero uno o dos; ahora batimos el récord, hacemos 30 a la mañana y 40 a la tarde”, detalló el barista.
La técnica perfecta y el trato cercano
Lejos de las tendencias modernas, en Le Carabel se respira la calidez del mozo de toda la vida. Soria explicó que la preparación requiere equipamiento específico —incluyendo una máquina destinada exclusivamente al vapor para evitar que la temperatura afecte la textura— y una técnica rigurosa:
La espuma: Debe elaborarse de forma densa y espesa hasta el borde de la taza.
La proporción: Se utiliza la tradicional taza de café con leche (evitando jarritos o pocillos chicos).
El toque final: Se espolvorea cacao y canela, volcando el café en el centro para lograr una elevación de dos a tres centímetros de espuma consistente.
Acompañado habitualmente por los clásicos combos de medialunas de jamón y queso, tostados o porciones de torta, el capuchino atrae a oficinistas y turistas de todas partes del mundo. Para Soria, el vínculo con la clientela —a la que ya conoce de memoria tras décadas de servicio— es tan importante como el producto mismo: “A todos les digo una frase o una palabra, y se van contentos”.
En pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires, el Café Le Carabel se transformó en un punto de referencia indiscutido para los amantes del buen café. Con 60 años de trayectoria, el local mantiene viva una combinación perfecta entre el oficio tradicional de la gastronomía porteña y la maestría en la barra.
En diálogo con Radio Buenos Aires AM 1350, Ángel Soria, quien lleva 36 años trabajando en el establecimiento, explicó que el éxito se sostiene con constancia y dedicación. “Hace más de 20 años que estoy haciendo café y esto del capuchino empecé hace tres años. Antes se hacía, pero uno o dos; ahora batimos el récord, hacemos 30 a la mañana y 40 a la tarde”, detalló el barista.
La técnica perfecta y el trato cercano
Lejos de las tendencias modernas, en Le Carabel se respira la calidez del mozo de toda la vida. Soria explicó que la preparación requiere equipamiento específico —incluyendo una máquina destinada exclusivamente al vapor para evitar que la temperatura afecte la textura— y una técnica rigurosa:
La espuma: Debe elaborarse de forma densa y espesa hasta el borde de la taza.
La proporción: Se utiliza la tradicional taza de café con leche (evitando jarritos o pocillos chicos).
El toque final: Se espolvorea cacao y canela, volcando el café en el centro para lograr una elevación de dos a tres centímetros de espuma consistente.
Acompañado habitualmente por los clásicos combos de medialunas de jamón y queso, tostados o porciones de torta, el capuchino atrae a oficinistas y turistas de todas partes del mundo. Para Soria, el vínculo con la clientela —a la que ya conoce de memoria tras décadas de servicio— es tan importante como el producto mismo: “A todos les digo una frase o una palabra, y se van contentos”.
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